Presentación del Programa de Tolerancia Cero a la Violencia

Hay decisiones que no son de una comisión ni de una gestión: son política de estado del Club. Están por encima del partido político, de la religión o de quiénes seamos cada uno. Sobre casi todo se puede discutir, se puede buscar acuerdo, se puede construir consenso. Por eso quiero empezar con una sola pregunta, la más simple de todas: ¿queremos violencia en el deporte?

Estoy convencido de que la respuesta nos une a todos. Hay consenso en la tolerancia cero a la violencia. Y sé lo que algunos van a decir: que es difícil, que es «la cultura del fútbol», que esto no se va a poder cambiar. No lo acepto. No nos vamos a resignar a que «siempre fue así».

Porque no hay buen trabajo que alcance, no hay resultado deportivo que valga, si afuera la gente dice que nuestro fútbol es un desastre, que lo que se ve es inaceptable. Cuando eso pasa, la actividad está enferma. Y esa enfermedad está lastimando lo más valioso que tenemos, que no es una copa ni un campeonato: es el nombre del Club. Ese es nuestro verdadero patrimonio.

Hoy la sociedad del Club nos interpela. Nos mira. Y nosotros somos los guardianes de ese prestigio: un prestigio que no se hereda ni se compra, se construye todos los días con los valores y con el nombre de Santa Bárbara.

A los que dicen que «es la cultura del fútbol», les contesto con lo que nos enseñó un capitán de la vieja escuela. Diego Armando Maradona, con toda su historia a cuestas, nos dejó una frase que sigue siendo una lección: «yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha». Es un tema cultural. Son unos pocos los que empañan el trabajo y el esfuerzo de muchos. Y no vamos a dejar que esos pocos escriban nuestra historia.

Porque también tenemos el otro ejemplo, el de la nueva era. El capitán de este tiempo nos mostró que con educación, con liderazgo y con respeto se puede llegar a lo más alto: a ser el más grande. Ese es el fútbol del siglo XXI. Ese es el camino.

Y quiero decir algo que incomoda, pero hay que decirlo. Hoy se discute todo: el fallo del árbitro, la decisión de la Comisión de Disciplina, la de la Comisión Directiva. Se discute sin reconocer el error, sin pedir disculpas, sin respetar al que dirige, al capitán, al entrenador. Pero a la hora de exigirle al Club, ahí no falta nadie.

Y hay algo todavía más grave. Al árbitro y al técnico —muchos de ellos empleados nuestros, o gente que viene a ganarse unos pesos porque los necesita— se los maltrata. Y a veces, peor: se los tienta, se les ofrece una dádiva para que miren para otro lado, para que no informen lo que tienen el deber de informar, aprovechándose de su necesidad. Eso no es fútbol. Eso es usar el poder económico para comprar silencio. Gente educada, con una posición muy por encima, maltratando o comprando a quien está para hacer respetar una regla. Esa asimetría destruye toda autoridad, y sin autoridad respetada no hay convivencia posible.

Por eso lo digo con todas las letras: en este Club vamos a respetar al que dirige y vamos a proteger al que arbitra y al que entrena. La autoridad no se compra ni se maltrata: se respeta.

No vamos a tolerar la violencia. Y no solo eso: queremos ser líderes deportivos, queremos ser un modelo. Un modelo para ayudar a cambiar, aunque sea un poco, a nuestra sociedad y a nuestro país. Ese es nuestro granito de arena desde el Club.

Por eso vamos a poner el foco donde de verdad importa: en la prevención. Vamos a trabajar para no tener que hablar de sanciones. Porque las sanciones disciplinarias son apenas el síntoma de que el paciente está enfermo, y hoy ese paciente está internado.

Por todo esto, hoy activamos el Programa de Tolerancia Cero a la Violencia en el fútbol y en el deporte. No lo vamos a lograr solos: lo vamos a lograr trabajando en equipo, entre todos. Empezando hoy.

Les dejamos también dos documentos importantes para conocer y tener presentes: